Desarrollo emocional de un niño educado en otro género

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Cuando sabemos de la llegada de un nuevo miembro de la familia, siempre se suceden las mismas preguntas, y el debate está servido: ¿será niño o niña? ¿qué es mejor? ¿qué prefieres?, se preguntan los familiares unos a otros.

Este tipo de cuestiones inofensivas, pueden llegar a largo plazo a causar un problema debido a la esperanza de los progenitores de tener un hijo o hija según sus preferencias.

En algunas ocasiones cuando estas expectativas se encuentran muy arraigadas, los padres de los niños pueden llegar a sufrir un shock en el momento del nacimiento, si los niños no son del sexo que se esperaba.

Tanto es así, que se han dado casos en los que la deseabilidad de educar a los hijos en el sexo que los familiares anhelaban, ha hecho que los juguetes y el aspecto de los niños sean modificados con, o sin intención por los padres.

En estos casos tanto niños como padres sienten estrés: los padres por la necesidad de “modificar” al hijo que no cumple sus expectativas de género y el niño por no sentirse integrado y ansiar esa aceptación con todas sus fuerzas.

Consecuencias en la niñez y etapas tempranas

La infancia es una época determinante a la hora del desarrollo de la personalidad. Por ello, podemos encontrarnos niños que en etapas tempranas de su existencia, se han sentido desorientados, y en muchos casos esto afecta a su desarrollo adulto.

Las actitudes y los lenguajes de estos niños se han visto afectadas, al tener una confusión en su autoimagen y modelo a seguir.

Como consecuencia, muchos de ellos sufren el rechazo de otros niños, que se manifiesta en introversión, bajo rendimiento escolar, depresión, problemas en las relaciones sociales y bajo desarrollo de la inteligencia emocional.

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Consecuencias en la adolescencia y edad adulta

En etapas más maduras como en la adolescencia, se pueden manifestar problemas de integración social, problemas en el desarrollo sexual, problemas escolares, y problemas familiares.

Con estas edades el adolescente comienza a ser consciente de que los familiares fueron los promotores de esta confusión y es probable que los culpe por todos los traumas que ha sufrido en consecuencia de ello.

Lo más común en estos casos es una relación frustrada con los progenitores, y reprochándoles todas aquellas ocasiones en las que se han sentido violentados.

En otros casos, se dan una serie de circunstancias en las que el sujeto puede llegar a creer que la confusión es real y sentirse atrapado en un cuerpo que no es el suyo.

No estamos hablando de transexualidad u otras dicotomías existentes entre el género y el sexo, si no de una creencia basada en la confusión creada por los familiares, que puede originar serios trastornos psicológicos en quien la padece.

Desde DIESTRES animamos a todas aquellas víctimas o familias a buscar ayuda psicológica para aprender a aceptar la situación real y evitar estrés, depresiones y otras patologías causadas por estos trastornos.

Concha de la Torre
Psicóloga Clínica
Creadora y directora del programa DIESTRES

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