El estrés, un virus contagioso

En muchos casos se ha estudiado la influencia del humor en las personas que te rodean, y es de sentido común que dependiendo de la actitud que tengas contribuirás a crear un tipo de ambiente u otro. Con el estrés sucede algo parecido.

Lo más importante cuando hablamos de estrés es controlar con quién “pagamos” nuestro estrés. Toda carga excesiva conlleva unas consecuencias y normalmente se traducen en ansiedad e irritabilidad. La mayoría de las ocasiones esto lo acaban sufriendo las personas más cercanas a nosotros.

¿Cómo se propaga el estrés?

Cuando una persona cercana a nosotros viene con prisa o acelerada, puede llegar a revolucionarnos en un momento, aunque sólo coincidamos con ella cinco minutos. Cuando esto ocurre sufrimos lo que se denomina “estrés de segunda mano”. Este hecho además de ser curioso, también es grave.

Si vivimos con una persona estresada en familia, ese estado se transmite con facilidad. Principalmente los factores suelen ser: mal humor, tensión, insomnio e incluso puede cambiar el trato radicalmente.

La evolución natural de esta situación es que el domicilio familiar se convierta en una “cárcel” de estrés y ansiedad de la cual querremos huir. La comunicación disminuirá hasta ser casi nula, sobre todo con la persona en cuestión pero también con el resto de afectados a los que les cambia el humor debido a la tensión familiar.

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Los niños son a menudo los que pagan el estrés familiar y no saben cómo gestionarlo.

Por último, aparecerá la ansiedad en el resto de los miembros de la familia y el “virus” se habrá contagiado por completo.

Químicamente, podemos percibir que los niveles de Cortisol en sangre aumentan de forma significativa.

Los más afectados en este tipo de familia suelen ser los niños, los cuales tienen mayores problemas para gestionar el estrés y desconocen lo que les está pasando. Esto puede afectar seriamente a su desarrollo y crear graves distorsiones cognitivas.

¿Cómo solucionarlo?

Para gestionar el estrés es muy importante aprender a ponerse límites. Los límites de tiempo que dedicamos al día a cada cosa son muy útiles, por ejemplo: “Hoy voy a dedicar 2 horas a trabajar desde casa, ni un minuto más.”.

 

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Organízate y establece tus propias prioridades, dedícate tiempo a ti mismo.

Lo más complicado de esto es cumplirlo. Cuando el horario no favorece, hay que tomarse un tiempo para sentarse y organizarse según la lógica y las posibilidades de cada uno. Para hacer esto, os aconsejamos que siempre respetéis la regla del ocho: 8 horas de sueño, 8 horas de trabajo y 8 horas de ocio al día.

Recuerda dedicarte tiempo a ti mismo, a tu desarrollo personal y sobre todo no olvides el relax. Te recomendamos que incluyas alguna actividad deportiva o artística, además de dedicar tiempo a los que más te importan. Si tienes problemas para gestionar el estrés siempre puedes acudir a un profesional. Tenemos programas de desarrollo de la inteligencia emocional para darte las herramientas que te ayuden a controlar el estrés.

Concha de la Torre
Psicóloga Clínica
Creadora y directora del programa DIESTRES

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