La elección del otro/otra como ¡¡¡oportunidad!!!!

¿Por qué nos enamoramos?


La elección del otro/otra como ¡¡¡oportunidad!!!!

Hablábamos, en la última entrada de Diestrés, “¿Elegimos inconscientemente pareja para aprender?”, sobre la elección del otro como forma de aprendizaje personal. Hoy vamos a ir más allá y vamos a ver cómo crecemos a través de él o de ella.

Es bien sabido que, en nuestro universo, por una  ley cósmica en los planetas que están integrados dentro de un sistema como el Solar, funcionan dos fuerzas: la de atracción y justo la contraria. La conjunción de ambas es lo que permite que los planetas giren alrededor del Sol sin chocar unos con otros o con el astro, y que los satélites, como la Luna, hagan lo propio con la Tierra.

Esta misma ley del macrocosmos se aplica de igual forma a otros microcosmos de la vida, entre ellos, la pareja. Como con los planetas, el movimiento de uno genera la energía necesaria para el movimiento del otro y sobrevivirán de la mutua dependencia y desde la individualidad. Por la supervivencia de ambos, deben acoplar sus rotaciones, siempre sin dejar de girar en su propio eje.

 

El hombre es un microcosmos en sí mismo

 

Y como ocurre con una célula, que no tiene conciencia de pertenecer a algo más grande, el cuerpo se ocupa, desde una inteligencia global, de cuidar del órgano en el que está integrado. Del igual modo, formamos parte de una misma danza cósmica.

Este baile entre lo individual y lo social es lo que nos impulsa, desde nuestra pubertad, a la búsqueda de una pareja.

Los adolescentes se empiezan a independizar mentalmente de sus padres y toman como referencia a su grupo social. Es en ese momento, cuando se abre el interés por la búsqueda de una pareja. Pasamos de una dependencia de amor a otra. Comienzan los problemas de comunicación con los primeros, siempre queriendo reivindicar su propia voluntad. La búsqueda de la pareja empieza a ser una fantasía, una obsesión, con todos los miedos y el estrés que eso conlleva, tanto para la familia como para el adolescente, que, además, es cuando suele sufrir más cuadros de depresión. Y cree que la solución para sentirse comprendido y acompañado es la pareja. A parte de la referencia que le pueda suponer el grupo en el que está integrado, piensa que en esa persona idealizada puede volcar sus fantasías afectivas, amorosas y sexuales.

 

 

¿Estamos eligiendo inconscientemente un Maestro?

 

No es extraño escuchar frases entre enamorados como “te necesito”, “no puedo vivir sin ti”, “me suicidaría si me faltaras”, “me muero sin tu presencia”, … Sin embargo, todas ellas quedan en el olvido cuando, al cabo del tiempo, dicha persona es sustituida por otra.

¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué nos enamoramos? ¿Por qué, en concreto, de ella o de él? ¿Qué es lo que tiene de especial? ¿Quizás lo o la escogemos por lo que nos ofrece para crecer como personas? ¿Estamos eligiendo inconscientemente un Maestro?

 

Aprendemos muy pronto a admirar a los demás, cosa que nos negamos a nosotros mismos. Solemos ver las virtudes en el otro, pero no nos damos cuenta de que esa misma virtud, para poderla reconocer en los demás, hemos de tenerla nosotros. Si por ejemplo, entre las cualidades de nuestra personalidad no está desarrollada la ternura, la caricia, el contacto físico, al no conocerlo y, por lo tanto, no tener una necesidad de ello, cuando alguien es muy tierno puede ser interpretado como un agobio e incluso confundir interés con un excesivo control y sentir que nos ahogamos en esa relación.

Sería interesante, como ejercicio, que cada uno hiciera una reflexión sobre los que creemos que son nuestras virtudes y valores, qué cualidades tenemos, porque, en el fondo, es la búsqueda del espejo, de alguien que se exprese como nosotros nos expresamos. Cuando encontramos a una persona que es muy parecida, nos sentimos a gusto, confortables con esa pareja pero, pasado un tiempo, vemos que no nos aporta nada que no tengamos ya y nos aburrimos de la relación.

 

La pareja: un estímulo necesario para Crecer

 

Bien es cierto que existen parejas que no tienen muchos puntos en común. Las razones son otras. Por ejemplo, el miedo a la soledad, la economía, o factores sociales o laborales. Recordemos, como veíamos en el artículo anterior, que cuando un elemento se aproxima mucho a otro y lo domina, al igual que en el universo, lo disuelve, y el cuerpo dominado desaparece, deja de existir para el dominante.

 

Siguiendo con el símil, la relación sana es en la que generamos nuestra propia energía, que nutre al otro, y viceversa, gracias al movimiento individual de cada uno. Lo que hay en común entre los dos es dicha energía que brota entre la independencia de las partes y lo que aportamos al conjunto, pero nunca se acercan tanto como para destruirse ya que si lo hacen, les ocurre igual que a las constelaciones: chocan y una de ellas queda anulada.

Lo ideal es que haya partes de la personalidad en las que se coincida, como los mismos valores e intereses, tener unas expresiones afectivas similares,… pero que además existan una serie de diferencias que nos permitan ser complementarios. Es necesario que, a parte de disfrutar juntos del tiempo libre, cada uno podamos disponer del nuestro propio para que luego compartamos esas experiencias individuales porque si todo lo hacemos a la par, los temas de conversación pueden desaparecer.

 

La búsqueda desde una acción de crecimiento individual

 

Al igual que aprendemos a reconocer lo bueno de nosotros en la pareja, también puede sacarnos ese lado oscuro que todos tenemos, los instintos más ocultos, esa sombra de la personalidad de la que habla Jung, que solo reconocemos a través de los defectos de los demás. Esto puede parece malo a simple vista, sin embargo, si enfocamos la búsqueda del otro desde una acción de crecimiento individual, desde una necesidad de resolver nuestros propios problemas, y lo utilizamos como compañero o compañera de cambio, tendríamos que valorar que ellos, con ese descubrimiento, nos están ayudando a mejorar.

 

Puede que no nos agrade descubrirla, que nos cause estrés o depresión mirar de frente nuestro lado oscuro, nuestra sombra, pero está ahí y huir o taparla no hace que se desvanezca. Lo mejor es enfrentarnos a ella y corregirla, sabiendo, además, que con eso también mejorará nuestra relación de pareja. Al querernos más, sabremos amar mejor al otro y exigir ser amado con todo el respeto que nos merecemos. En definitiva, aumentamos la seguridad en nosotros mismos y en nuestra pareja. A eso se le llama Crecer, Evolucionar y nos hace ser Personas.

 

Pero para ello, necesitamos un entorno, no podemos hacerlo por nosotros mismos. Los demás serán el estímulo que precisamos y les damos la oportunidad de ser nuestros Maestros.

 

Los que tenéis pareja o la habéis tenido, tras esta entrada, ¿reconocéis en ella vuestras propias virtudes? Y, yendo más allá, ¿ha sacado de vosotros ese lado oscuro al que me refería? En tal caso, ¿habéis huido de él u os  habéis enfrentado a ello y lo habéis corregido?

 

Concha de la Torre
Psicóloga Clínica
Creadora y directora del programa DIESTRES

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